Italia empata con Nueva Zelanda 1-1.

[picapp align=”center” wrap=”false” link=”term=italia+vs+new+zealand&iid=9165091″ src=”http://view2.picapp.com/pictures.photo/image/9165091/afrcia-pepe/afrcia-pepe.jpg?size=500&imageId=9165091″ width=”500″ height=”411″ /]

El futbol de los italianos no tiene desfogue. Tuvieron el balón, hicieron 23 tiros al arco por sólo tres de los de neocelandeses, pero un rival diminuto, el peor clasificado en el ranking de la FIFA (77) de todos los asistentes al Mundial, cual ratón de campo a una anaconda, le plantó cara.

La sorpresa empezó a gestarse desde muy temprano. A los seis minutos Shame Smeltz coló a las redes un largo balón que pasó por alto toda el área italiana y que Cannavaro despejó mal. Entonces Italia quedó al desnudo. Su medio campo se atoró. Montolivo no tiene los tiempos de un Pirlo lesionado. Encontrar espacios les cuesta. Arribar por las bandas es un asunto de otro equipo. Rematar en el área, imposible.

En Nueva Zelanda no hay desperdicio en cada balón. A Eslovaquia le empató en el último minuto y a Italia la tuvo en un puño todo el partido.

Su defensa tiene la onza del esfuerzo y una clase que le da la disciplina a ultranza. Juega físico porque puede hacerlo con la estatura de sus defensores y supo hacer largo el partido. Incluso cuando hubo necesidad cometió faltas tácticas sin vergüenza. Su juego contra Italia fue una joyita en sí mismo.

Pero ya se sabe que los equipos grandes tiene un plus en el arbitraje que los pequeños deben padecer e igualar.

A los 27 minutos, Carlos Batres, árbitro de Guatemala, le creyó a De Rossi un jalón de Smith cuando se venían dando de manotazos y marcó penal. Iaquinta cobró a la izquierda y a media altura instantes después, y el partido se igualó.

De cualquier manera, el conjunto neocelandés tenía un tesoro en las manos y debía pelear por él como cosaco, como pirata o mejor dicho como guerrero maorí.

La mejor opción, aprovechar su juego físico y su fortaleza, y meterse en su campo, y desplegar a velocidad si había oportunidad. Una historia conocida para los italianos.

Así se fueron los minutos. Entraron Camoranesi, Di Natale y Pazzini, y aquello no cobró fluidez por ningún lado y si en un par de jugadas lograron quitarse las marcas de encima y poner a prueba a Mark Paston, éste respondió a todos los retos de Camoranesi y Montolivo, en forma de disparos de media distancia, de gran forma.

Incluso Nueva Zelanda, a los 63 minutos, pudo ganar el juego cuando Vicelich cruzó de más un tiro frente a Marchetti tras quitarse a Cannavaro.

La rebelión de los pequeños sigue a paso firme en este Mundial. Han levantado la voz México, Argelia, Serbia, Suiza y ahora Nueva Zelanda, ahora sólo falta ver si se queda en revuelta o se convierte en revolución.

Anuncios